Visiones de realidad

Me fui a Mar del Plata con el objetivo de reinsertarme en la sociedad de los hombres y recuperar un poco de peso. Esto último lo conseguí. Pude leer el mail de Pablo en el que me invitaba al festival unos días después de que lo envió en un muelle sobre el río Coca, ya cerca de la medianoche. Esperaba una lancha que apareciera desde la oscuridad trayéndome el celular que había olvidado en un hotel, doce horas río abajo en la frontera. Me dije bueno vamos. Siempre es bueno una excusa para hacer algo, en este caso volver. Recorrí todo Ecuador desde Este a Oeste y del Norte al Sur. De la selva subí hasta estar a la altura del volcán y su glaciar para bajar del otro lado a la playa. Todo en los kilómetros que separan Buenos Aires con Mar del Plata digamos. Desayuné un ceviche mientras los pelícanos revoloteaban sobre las barcazas y seguí viaje hasta una playa en el norte de Perú llena de surfistas y maleantes. Entonces me subí a un micro y empecé a separar esto de lo otro. Un micro hasta Lima, otro hasta Cusco, otro hasta La Paz y otro hasta la frontera. De ahí al aeropuerto, Buenos Aires de madrugada, cambiar un bolso por otro, ver a mi padre internado e hilarante después de la anestesia, otro micro y por fin un taxi con Atom Egoyan rumbo a la parrilla. Acá me salté unos pasos. Charlamos sobre la comunidad armenia en Argentina y le conté que en mi casa vive un turco. A Mert, el turco, le conté anoche mientras tomábamos un vodka de nombre impronunciable que uso su presencia en mi casa para darme corte. Con chicas y directores de cine. En algún momento de la conversación tiro: ¨el turco que vive en mi casa¨. Todo es verdad. Le mandé un mensaje a Miss Malhumor rompiendo nuestra veda de años: “Ayer cené con Atom”. Nahhh. Sehhh. Exótica está en mi top ten de lo mejor y Cloe en mi top ten de lo peor de todos los tiempos. Esto no se lo dije. Al día siguiente vi su película, Remember, que es excelente. Y tiene todo para ganar el Oscar. No es excelente por eso, claro, pero lo tiene. Solo diré que es una película que el que la ve quiere que la vean otros. Los críticos sofisticados la van a rebajar. Pero eso, como todo, tendrá que ver mucho menos con la película que con la imagen que tienen (o quieren tener) de ellos mismos. Otro de los días llegó Johnnie To que demostró que puede hacer lo que quiera simplemente porque quiere y puede. Su película, Office, son dos horas de chinos cantando en traje y trajecitos. Su setting, minimalista y ultra estilizado al mismo tiempo, es la idea de Dogville destilado de todo significado. Von Trier se revuelca en la tumba. O donde quiera que esté.

La medianoche que siguió, como si el tiempo no pasara, Miike, en Apocalipsis Yakuza, nos hizo reír mucho en dos horas de más pura absurdidad. Hay un recurso de comedia que nunca falla: la repetición de chico/chica diciendo a chico/chica por enésima vez “nunca sentí esto”. Una frase que para tener sentido debería ser dicha una y una sola vez pero la repetimos cada vez que queremos acostarnos con alguien. Por eso pienso a veces que los artistas deberían tener una y una sola obra. Todo lo que sigue es repetición y la decantación, lenta, inexorable y maldita de la palabra verdadera. Puff!!! Habiendo dicho esto me fui a ver la hermosa película de Hou Hsiao-Hsien The Assasin que es Las Flores de Shanghai por otros medios. O los mismos. Y una fotografía con todos los colores que en los últimos dos meses había visto en la vida misma. Dijo Víctor: Mientras veía The Assasin lo único que pensaba era en el asadin que nos vamos a comer cuando salgamos. Entré a ver la de Maddin y salí insultado a los 20 minutos. La vida se nos está haciendo corta para perder el tiempo. Mucho más cuando esa misma tarde había entrado a ver Shirley: Visions of reality de Gustav Deustch. Una lección exquisita de cómo contar la historia de un personaje y una época en trece cuadros (de Edward Hopper). Entonces el director elige como música a tu artista favorito y ya no hay nada que te impida pensar que es amor. David Sylvian y Fennesz. Un guitarrista errante y el hombre de la voz más hermosa del mundo. El domingo lo dedicamos con Pablo y Javier a caminar junto al mar y recorrer los pasillos ya vacíos del hotel provincial que creo es la experiencia más cinematográfica de todas.

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