tumblr_inline_od8pdwv4pa1shsvef_1280

Llegué a Mar del Plata y el mar brillaba verde. No recordaba haber visto un mar de ese color en años. No recordaba haberlo visto de ese color nunca, pero bueno, la memoria me juega trucos de toda clase últimamente. Un rato después en el auditorio lleno vimos Paterson, la última película de Jim Jarmusch. Salimos del cine felices e iluminados como el mar con la sensación que podíamos volver a Buenos Aires sin ver otra película y que se trataría de un festival perfecto. Pero nos quedamos. Cuesta sostener las convicciones. Por suerte después, esa misma noche vino Moonlight, una película tan sutil (y dura al mismo tiempo) que podía mantener ambos mundos en su pureza y sin contaminar. Actúa un negro conocido que terminó ganando el premio a mejor actor de una película que debería haber ganado más premios. En algún momento de la semana lo vi en la playa a Llinás en una escena familiar con niños estilo Balnearios. Y ayer lo vi caminando por San Telmo con un bastón y otra vez, hace unos años, lo tuve atrás hablando fuerte y molestando en una función del BAFICI. Tiene una melena como la del León de Historias Extraordinarias. Visto a las apuradas, seguro que no en el detalle. Estaba con Darcy en un bar de San Telmo y le dije dándome aires: Ese que va ahí es un director de cine underground. Pensé que esa frase me iba a conseguir una mejor paga y que me dieran un grupo de ciclistas para guiar en Perú el año próximo. Darcy es poeta, ciclista, quebecua y dueño de la agencia de turismo aventura para la que a veces trabajo. Todo es ficción me dijo Rubén Guzman, el director del notable documental Imágenes de Ningún Lugar que entrevisté en el festival. O todo es documental que es lo mismo, la serpiente que se muerde la cola.
Salimos a correr después de desayunar y una tarde vimos un documental sobre hippies on acid (Orange Sunshine) y de aquellos hermosos dias en que se podía viajar a Kabul libremente y regresar con la valija llena de heroína como si nada. Traficantes de buen corazón de LSD cuando la palabra traficante nos se había inventado. En la madrugada Iggy Pop y los Stooges por Jarmusch (otra vez). Anoté esto en una libreta: El baterista de los Stooges con esa voz pastosa propia de los neurolépticos contando que trabajó de jardinero y taxista cuando se separó la banda. Iggy en un sillón con esa voz diciendo: «Conocí a David Bowie… silencio… cool». Empieza la película y en los títulos se lee: James Osterberg as Iggy Pop. Sonrío. Imagino a Iggy solo en su mansión por los pasillos pensando qué hago ahora. Unos de los atardeceres el cielo se puso rosado. Anoté en la libreta: creo que ya no me interesa el cine. Empecé a leer una novela de Jack London. Fui a ver La Siesta del Tigre un film entrerriano chiquito y hermoso. Unos paisanos buscando fósiles en los arroyos que bajan al Paraná. No me interesa el cine, me interesa eso. La mañana siguiente caminaba hacia el auditorio y tuve un pensamiento premonitorio. Pensaba que le iba a decir a Pablo: no aguanto una sola balacera más. Y entré a ver Free Fire. Jua. True story. Pablo la presentó haciéndose el chileno: Al tiro huevón. Una hora y media de balas. Excelente film amante del cine (que ya no te interesaba te acordás?). Reformulé entonces: No aguanto una película de superhéroes más, de gente hablando en tono serio y formal vestidos de latex. Otra madrugada vi Three de Johnnie To. Un crescendo paciente hasta una sola y genial balacera (dos al hilo). Santiago, cada vez que algo te irrite pensá por qué. Y nunca digas nunca. Nunca digas nada acerca del futuro. Una siesta fuimos a ver Cuatreros de Albertina Carri. No es la peor película pero sí es de lejos la más irritante. Cine militante del ego. Tiene una gran virtud, expone en toda su claridad por qué tantas cosas andan tan mal «en este país» (Carri dixit). Entre tantas perlas del auto bombo está esta: «mi hijo tiene pensamiento descolonizador aunque desconozca la palabra». Lo que no aclaró es si le hace aportes a su niñera paraguaya después de provocar mencionando que tiene una. Ser progres hoy. De política la complejidad de un western clase B; los buenos por un lado, los malos por otro. De los cuatreros nada de nada. La película que ganó el festival la dirige una chica de 25 años contando sus desventuras a lo Girls. Eso leí.
Otro día me fui a un bar desde donde ya no se veía el mar pero sí la noche. El festival ya había terminado. El diario local volvía a lo importante. Se avistó un grupo de orcas a no muchos kilómetros de la costa. Esa mañana había visto un barco de prefectura muy cerca de la playa y un bote con buzos. Encontraron el cuerpo de un albañil que se habría metido al mar escabiado decía el diario. También decía que una de las películas argentinas ganadoras era soporífera.
El último domingo fui a ver dos películas serias que abandoné a la media hora porque eran exactamente lo que me había imaginado que serían. Y en general esperamos y deseamos lo inimaginable.

Santiago B.

[fbcomments]

No comments yet.

¿Tenés algo para decir?