Sin películas asiáticas no hay Bafici. Así que ayer, considerando que era el segundo día y ya había visto cuatro películas con idiomas comprensibles, me embarqué en esta tragedia honkonguesa. Mmm. Está lejos de los grandes momentos que hemos pasado con Johnnie To y tantos otros ilustres nativos del país asiático con volante del lado izquierdo. La trama es tan terrible que, por algún motivo, no emociona nada. Todo parece suceder sin mucha motivación: una de Montescos y Capuletos donde sentimiento es lo único que falta, porque hay alguna pintura de costumbres y vuelan los ceniceros a la Su Giménez. Lo único que me interesó es el paisaje: créanlo o no, me resultó familiar. Las baldosas, azulejos y parqués de Hong Kong son igualitos a los del conurbano. Hay un túnel que yo juraría que es el de Libertador, con la misma curva insensata. Y finalmente hay un embalse que yo he visto en Córdoba alguna vez. Ah, muertes al pedo tenemos acá también. No nos mientan más.

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