Creo que el foco de David O’Reilly debe ser el menos difundido, el más corto y el único de animación. También creo que debería estar un poco más difundido, sería genial que fuese más largo, y hasta estaría bueno que no fuese el único de animación.
¿Quién es David O’Reilly? Es un muchacho irlandés a quien actualmente se lo considera una de las promesas de la animación europea, porque, entre otras cosas, uno de sus cortos ganó el Oso de Oro en la Berlinale hace un par de años (si se preguntan cómo luce, una amiga lo definió como: “una especie de Harry Potter, pero más canchero”).
Su estilo de animación es demasiado variado (desde algo digno de un videogame de los 80 hasta una animación donde los dibujos fueron hechos en Paint) como para encasillarlo en un estilo determinado, pero si tuviese que compararlo con alguien lo haría con Shynola, ese gran grupo de artistas visuales ingleses, que nos dieron videos musicales tales como: Pyramid Song (Radiohead), Good Song (Blur) o Move Your Feet  (Junior Senior); sin mencionar la apertura de The IT Crowd o la de Scott Pilgrim vs the World.
Ahora bien, ese es su estilo, su forma. Pero por más destreza que tenga en ese tipo de animación (y realmente la tiene), lo que sorprende es lo que cuenta, las pequeñas historias, los momentos graciosos, absurdos e irremediablemente tristes. En algunos casos humaniza comportamientos meramente animales, en otros deshumaniza al estereotipo clásico de persona apta para vivir en sociedad. Le encanta que te interiorices con la historia para poder sacarte rápidamente y volverte a dejar justo donde te habías quedado, sin perder nada.
Les podría contar muchas cosas que hizo (como un video para U2) o personas con las que compartió una tarde amena (como el director Sion Sono), pero nada de eso es importante. Entre tantas cosas que no hay que ver en este BAFICI, yo les digo una que sí tienen que ver. Es solo una hora. Créanme, vale la pena.

Gustavo Mellado

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