The Lure, de Agnieszka Smoczynska

Un mal que siempre aquejó al Bafici es el de las películas sinopseras. Esas que en el catálogo presentan una combinación de tags que prometen un par de horas de libertinaje artístico pero que terminan siendo una irresponsable mediocridad. Tal es el caso de The Lure. Uno lee “sirenas”, “ochentas en Europa del Este”, “fin del comunismo”, “europop” y se imagina una historia sin límites y de estimulación constante. Pero Señor, qué sosas son estas sirenas. No son graciosas ni intrigantes ni hay manera de conectar con ellas, y mucho menos con los otros personajes. Son muñequitas en tetas a las que se les pudren los dientes al volverse malas (tontas y salvajes, tal la fantasía machista de la Agnieszka). Y no hay ni un pequeño esfuerzo de desarrollo, de darle vida a la historia. Hay sí una especie de plot en el que una se enamora de un humano y la otra se pone celosa, y después el humano la caga. Bueno.  Yo estoy seguro que a usted lector si le dan un pizarrón, los tags antes mencionados y diez minutitos puede armar algo mucho mejor. O sea, fin del comunismo, pop, capitalismo, sirenas, encantamiento… guiño, guiño, ¡casi que se escribe sola! Es casi admirable como con tanto potencial se puede hacer una película tan insulsa; pero supongo que a veces una buena idea cae en los cuerpos equivocados y uno termina viendo algo como The Lure.

Y ahora voy a decir algunas cosas de viejo choto y que además suenan repetitivas, pero no por eso son menos ciertas: Esta es la peor tendencia del cine cool, amigos. Creer que con un par de elementos “bizarros”, algún plano instagrammer (como el punk de los cuernos y el humo del cigarrillo que lo envuelve en la noche… uff, ¡qué bronca!) y alguna cosa vintage (esto no es culpa de Mad Men, pero es culpa de Mad Men) ya está. No hay historia, no hay chiste, no hay personajes, no hay imágenes que cuenten algo, que tengan otra función que un ochentosismo y bizarrismo fático: “mirá, como en los 80”, “jaja, una sirena en un bar”. Si esto no es adiós al lenguaje es clavarle el visto como mínimo.

Las mismas canciones son una mierda. Yo esperaba algún italo disco, un europop ochentoso, pero lo que hay es un pop de productores con letras aburridísimas y este es un crimen sin parangón, lector: ¿Estás haciendo una película de sirenas pop en los ochentas y las letras dicen cosas o bien crípticas o bien emos del tipo “él está triste, todos estamos tristes”?

No me gustó The Lure.

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