La fui a ver a Manuela que estaba en su casa en el fondo del bar. Estaba vestida con un vestido muy amplio y regordeta de cara, parecía embarazada. No paró de hablar como siempre. La casa es nueva e impecable como todo lo que toca esta piba. Contó de su viaje por el Amazonas en un barco asolado por piratas y que de yapa transportaba varios presos; sus dias en Mongolia y sus otros días en coma en Buenos Aires a causa de una peritonitis que casi la mata. Después llegó un personaje simpático, amanerado y exagerador. En verdad oscuro. Dijo vivir en una casa de 1500 metros cuadrados. Nos reímos con Manu y el se enojó un poco y dejamos seguir la conversación como si nada. Todos tenemos nuestros pequeños episodios psicóticos. Después mostró fotos de sus tres hijos adoptados y la foto de su novia que parecía una super modelo ucraniana. Todo extraño e inverosímil. Aclaró que sus tres hijos adoptivos que eran y no eran suyos habían sido abusados. No contento con ese comentario contó que su sueño es abrir en el futuro todo un hogar para niños abusados. Lo contó como quien ve llover y con la misma pertinencia. Al rato llegó el novio de Manu que es un rotoso muy simpático. Así me lo había descripto ella un rato antes que entrara (así mismo me debe considerar llegado el caso pienso). Hablamos un poco de barcos ya que el rotoso navega. Es rosarino y venía del centro cultural del pueblo donde había tocado un tal “el chino”. De soporte estuvo El Mago Yorugua que no es una banda sino como su nombre lo indica un mago uruguayo que no sabe muchos trucos y que como bis repitió los pocos que sabia. Hace un par de años vimos con Jota a Radio Dept en un show soñado en Santiago para 100 personas y también repitieron temas en los bises porque no habían ensayado más. Les mostré fotos del velero con el que anduve por el Báltico y el rotoso se mostró admirado de lo que hicimos. Afuera hay un viento helado. Tomamos dos botellas de vino (no estaba bueno) y volví por el pueblo caminando en ojotas. Ushuaia y El Chaltén de madrugada son dos grandes recuerdos que llevo puestos. Me recuerdo una vez en la que llegué con un grupo de pasajeros y ella andaba entre las mesas con un vestido de flores. Estaba hermosa. Yo en esa época pensaba que ella podría ser un modelo para Carolina. Toda esa energía que Manu ponía en su bar y que Caro tenía pero desparramaba por ahí. No fue esa noche (años después supe que Manu brillaba como una mujer enamorada que era), pero en otra vuelta me llevó en su auto a otro bar del pueblo. Fue de madrugada después que cerró el bar donde yo había pasado música en una fiesta más o menos exitosa. Manuela tenía una actitud algo de mafiosa, de dueña del pueblo. Pidió dos vodkas sin preguntarme. La dueña de la cervecería necesitaba algo más fuerte. Hoy el viento me volaba allá arriba. Ahora sopla con la misma fuerza pero aquí abajo en el pueblo.

Estancia La Angostura, Ruta 40. Un cañadón verde junto a un río en la meseta. La vieja estancia es un oasis rodeado de un pasaje hostil. Muchas aves en el humedal. Un gran salón que es una mezcla de museo gauchesco y refugio de cazadores. En la pared una gran piel de un puma, un zorro colorado y un gato montés. Un gran ventanal que da al cielo abierto. Hoy vimos pasar las nubes y las tormentas como si fuera alta mar. Mayra está en Villa Gesell para correr la carrera en el mar. Hacía rato que no teníamos una charla tan franca con Roberto. El un poco más afuera del dolor, más abierto al mundo. Mayra me envió un video. Mariano es la ira y la vanidad contenida. Hoy trató mal a un pasajero por un malentendido estúpido. Me veo allí. Pronto la oscuridad se va a llevar a los cerros. Mientras comíamos el postre alcancé a ver los rojos. Estuvieron ahí sobre los cerros solo unos minutos y después la sombra. A mitad de año me voy a Noruega e Inglaterra. La comida en el comedor de la estancia fue opípara. Liebre, jamón de guanaco de entrada. Fuentes de cordero que no paraban de llegar. Atendía la mesa una chica con una hermosa sonrisa. Sumamente natural, no tenía miedo de hablar con los turistas como si estuviera en un bar conociendo gente. Después, cuando más tarde volví al salón a leer y eventualmente escribir me dijo, mientras preparaba la mesa para el desayuno de mañana que le gustaba mucho la música que estaba escuchando. Me había preparado un set para mi mismo en ese atardecer de medianoche. Sparklehorse: I´m so sick of goodbyes/ of goodbyes.

Leí volando los dos libros de María Gainza. Ella, como el pibe de Barbarian days, tienen cosas que contar. Eso es lo que me interesa. No me interesa la literatura de otro modo. Ya no. Hoy me acordé de esa española preciosa con la que pasé mi cumpleaños en Quito unos años atrás. Bailamos toda la noche hasta que llegó su novio malhumorado e intelectual. Al día siguiente de la fiesta pasó por la casa de los amigos de Jazmín y Cesar donde yo estaba. No fue casualidad pero qué podía decir o hacer. La belleza de ese encuentro efímero. No recuerdo nada de ella solo que nos divertimos y era muy bonita. Gone, long gone. De Quito me quedó esa noche de baile y las canciones de Steam Powered Giraffe. La moza tiene pecas. Todo se pone amarillo al atardecer. Los pastos duros, la tierra, todo. Corrí un poco a campo traviesa y saltaban las liebres. Se fue todo el mundo y me quedé en el salón leyendo a Baron Biza y escuchando a Soft Cell. Apagué las luces y la oscuridad entró por el ventanal. Me quedaría a ver pasar la noche hasta que rompiera el alba pero prefiero las fantasías y me fui a dormir.

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