La vida bohemia – Dave Van Ronk versus los hermanos Coen

“Ok, supongamos que a Dave Van Ronk le dan una paliza a la salida del Gerde’s Folk City”, le dijo Joel Coen a su hermano Ethan, y ese fue el comienzo de Inside Llewyn Davis (Balada para un hombre común, 2013).

davis japon

Antes de comenzar, una aclaración, Llewyn Davis no es Dave Van Ronk. Llegado el caso, tampoco Robert Zimmerman es Bob Dylan (y viceversa). En aquel mundillo de la música folk, momentos antes de su explosión comercial, a principios de los años 60 (universo que retrata la película), no todos eran quienes decían ser. La mayoría de aquellos jóvenes intérpretes provenían de familias de clase media y adoptaban nombres, historias y universos artísticos que no les pertenecían. “Todo el mundo se cambiaba el nombre e inventaban historias sobre ellos mismos”, escribió Van Ronk.

No está mal, entonces, que sean los Coen quienes se encarguen de contar esta historia. Al fin de cuentas, ellos mismos no son lo que creemos que son y también suelen buscar sus inspiraciones en un arte que hoy guarda sus mejores exponentes (a los que ellos se remiten en su obra una y otra vez) en un pasado transformado en mito.

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La historia de Llewyn Davis es la triste aventura (según los realizadores: “la odisea de un personaje que no va a ningún lado”) de un cantante folk con más de un punto en común con la vida del músico Dave Van Ronk. En su libro Crónicas, Bob Dylan, describe a DVR de la siguiente manera:

Era muy bueno en sus discos, pero mejor aún en persona. Se había criado en Brooklyn, tenía licencia de marinero, un espeso bigote de marsopa y una melena castaña lacia que le tapaba media cara. Convertía cada canción en un drama surrealista, en una pieza teatral cargada de suspenso hasta el final. Dave iba al fondo de las cosas. Era como si dispusiese de una provisión infinita de veneno, y yo quería un poco, necesitaba una dosis periódica. Van Ronk parecía salido de otra época, curtido en mil batallas. Cada noche yo sentía que me sentaba al pie de un monumento desgastado por el tiempo. El hombre cantaba canciones folk, temas clásicos del jazz y de las bandas sureñas, baladas de blues, todo ello sin ningún orden específico ni un solo detalle superfluo en su repertorio. Eran canciones delicadas, expansivas, personales, históricas y etéreas, todo al mismo tiempo. Lo mezclaba todo y –voilá- sacaba algo nuevo del sombrero. [] Era apasionado y punzante, cantaba como un mercenario y sonaba como si ya estuviera de vuelta. Tan pronto aullaba como susurraba, y era capaz de convertir el blues en balada y las baladas en blues.  [] Supuso una importante influencia para mí. Cuando grabé mi primer álbum, la mitad del material consistía en versiones que interpretaba Van Ronk. No lo había planeado así, pero así es como salió. Inconscientemente, confiaba más en sus cosas que en las mías. [] Van Ronk significaba para mí algo distinto que el resto de las grandes figuras, pues me había abierto la puerta, y cada noche yo era feliz tocando junto a él en el Gaslight. También me ayudó de otras maneras. Su apartamento en Weberly Place tenía un sofá en donde me dejaba tumbarme siempre que quisiera. [] Si ibas a la calle MacDougal al atardecer para ver tocar a alguien, él era la primera y la última opción esencial de la noche. Presidía las calles como una mole, pero nunca se convertiría en una gran estrella. No era ese su objetivo. No estaba dispuesto a venderse ni a dejarse tratar como un pelele. Era grande, llegaba hasta el cielo y yo lo admiraba. Venía de tierra de gigantes.

Basta comparar la descripción física que hace Dylan para darse cuenta que Llewyn Davis, el personaje interpretado por Oscar Isaac, dista mucho del verdadero DVR. Pero también son otras las diferencias.

Más allá de la mítica descripción de Dylan, DVR era un artista conciente de su arte y su talento.

Ser un músico –incluso un buen músico- no es algo fácil. Es un trabajo, y en algunos momentos puede ser un trabajo muy duro. Pero a vece aparece alguien y te dice: “Ey, Dave, te escuche en el bar Sarmarkand en el año 62” y eso es lindo. Nunca hice plata –de hecho, muchas veces estuve muy endeudado- pero este es lo que siempre quise hacer y fui capaz de hacerlo por casi 50 años, sin tener que dedicarme a otra cosa. ¿Qué más puedo pedir? Quise ser un músico y soy un músico. Eso es todo lo que cuenta.

Y también de su tiempo. Una época y unos hechos (de los cuales no solo fue testigo, sino también protagonista) sobre los cuales nunca tuvo la necesidad de mirar con esa nostalgia que hoy en día suele ser la moneda de los comerciantes.

En los 60 tuvimos una nueva ola de música pop, con gente como los Beatles, que hacían algo genuinamente creativo e interesante. Además, la situación era muy diferente. Básicamente, tuvimos nuestro momento y después la escena se fue a otro lado. Algunos hicieron mucha plata, otros hicimos menos, unos pocos se transformaron en estrellas y otros terminaron lastimados. En retrospectiva, creo que fue un periodo muy bueno y productivo, aunque no tan importante como algunos de los involucrados les gusta creer.

Además, la época lo exigía, sus interese no sólo eran artísticos, sino también políticos. Según Dylan:

Podía hablar todo el día sobre paraísos socialistas y utopías políticas: democracias burguesas, trotskistas y marxistas y el proletariado internacional.

El Llewyn Davis de los Coen, apenas si parece preocupado de sobrevivir día tras día. No hay en su vida, un momento de respiro entre la serie de desgracias que lo acosan. La mayoría de ellas, provocadas por el mismo. Excepto los momentos en los que ejerce su arte, que es cuando parece encontrar una paz que la vida le niega. Son escenas filmadas con tranquilidad y respeto. Cuando un artista canta en Inside Llewyn Davis, se le presta toda la atención.

InsideDaveVanRonk

En el principio (en alguno de ellos), está la tapa de este disco, que le da el título a la película y  protagonismo al  gato que aparece colado en la foto. En la conferencia de prensa durante el festival de Cannes del 2013, en donde la película tuvo su estreno mundial, Joel Coen declaró: “La película no tenía una trama, por eso metimos al gato”. La historia de este gato que atraviesa la del protagonista, es sin dudas la peor parte de la película y el típico recurso ingenioso de los hermanos. Un gesto innecesario y supuestamente virtuoso que no deja de ser un capricho, o peor aún, una idea sobre los recursos que hacen falta para que un guion funcione. Hasta la inclusión del afiche de The incredible journey (película estrenada dos años después de la fecha en la que transcurre Inside…) es forzada con tal de justificar la bendita inclusión del esquivo felino y las epifanías que sus apariciones y desapariciones provocan.

Dave Von Ronk escribió su biografía en colaboración con el periodista Elija Wald, pero nunca la vio publicada. El libro en cuestión se llama The Mayor of MacDougal Street: A Memoir, y la idea original era, más que contar su vida, dar cuenta de una época y un lugar. La época era el principio de los años 60 (y algo de finales de los 50) y el lugar el Greenwich Village, en donde se encontraban todos los clubes (el Gerde’s, el Gaslight, el Café Wha?, The Bitter End) en donde los cantantes folks (y otros artistas, desde Joan Rivers hasta Woody Allen, pasando por Bill Cosby) se reunían a mostrar sus respectivos artes. Pero la vida tenía otros planes para Dave quien falleció el 10 de febrero del 2002 y, finalmente, fue el músico y periodista Elija Wald el encargado de terminar la tarea. De este libro, sobre todo de su primera parte, es de donde los Coen sacan varias anécdotas, para la historia de Llewyn Davis.

Lo que sí comparten Davis y Van Ronk, es el repertorio musical. Todas las interpretaciones del actor Oscar Isaac, realizadas de manera notable por él mismo, son canciones representativas de la obra de DVR, pasadas, eso sí, por el tamiz que brinda la época actual. El trabajo realizado por T-Bone Burnett en la banda de sonido, es prodigioso. Y los Coen le brindan el respeto que se merece, manteniendo las canciones enteras dentro de la trama de la película. A diferencia de lo que ocurre con Nashville (1975), en donde Robert Altman muestra su odio hacia la música country, los Coen parecen mostrar, sino amor, cierto cariño por la música folk y sus interpretes. Aunque, como veremos más adelante, los hermanos parecen siempre más interesados en imponer sus caprichos cinematográficos por sobre sus personajes. Por suerte, el cine sigue demostrando que su arte consiste en algo más que la simple ejecución de una trama y la pericia técnica correspondiente para realizarlo.

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Llewyn Davis (y el mismo Oscar Isaac) se presenta cantando Hang me, oh hang me, cuya letra, la historia de un pobre muchacho cansado de recorrer el mundo, adelanta las aventuras de nuestro protagonista. Una vez terminada su performance, se baja del escenario y el dueño del lugar le avisa que un amigo lo está esperando afuera. Mientras se retira, Davis ve que un joven de rulos, con guitarra, armónica y la más particular de las voces, se adueña del escenario. Ese muchacho (que en los créditos aparece como Young Bob) no es otro que el mismísimo Dylan, quien aparecía para transformar a todo el movimiento de la música folk, en un capítulo más en la historia de su vida. Iba a escribir: “nota al pie de página”, pero sería demasiado cruel y menos cierto, aunque algo similar pensaba DVR:

Lo escuche cantar por primera vez durante una de esas ruidosas noches del Gaslight y  después de su show, ni siquiera pude hablar. Tuve que salir del club e irme a caminar por ahí. No se parecía a nada de lo que había pasado antes. Era, claramente, el comienzo de una revolución.

Afuera del club, entre tachos de basura, una figura desconocida se encargará de darle una paliza a Llewyn Davis. Así, entre un cantautor que venía a arrasar con la historia de la música popular y una paliza en un sucio y oscuro callejón, Davis llegará al final de su viaje. Pero eso recién lo sabremos cuando la película termine. A partir de esa escena, retrocedemos para ver todos los acontecimientos que lo condujeron a este fatídico final. Estamos, claro, en los terrenos de la ficción.

freewheelin

Las relaciones con la realidad de aquella época van, inclusive, más allá. Las indicaciones de los hermanos al director de fotografía Benoit Debonnel, fueron que recreara el espíritu de la portada de The Freewheelin’ Bob Dylan, aquella foto en la que un joven Bob se pasea por la esquina de Jones Street y West 4th Street en el Greenwich Village, del brazo de una jovencísima y bella Suze Rotholo.

Es Suze Rotholo también, en su biografía, titulada A freewheelin’ time – A memoir of Greenwich Village in the sixties, quien recuerda a DVR de la siguiente manera:

Esos fueron los años de formación para la mayoría de nosotros, y Dave fue el gran responsable de la mayor parte de nuestra enseñanza. Era increíble lo mucho que conocía y la rapidez de su ingenio. El departamento de Van Ronk en el 190 de la calle Waverly se transformó rápidamente en el living de toda una generación de bohemios.

Mientras Llewyn Davies es casi un homeless, Dave Van Ronk no sólo tenía una casa, sino que ese lugar funcionaba como refugio de los bohemios errantes de la época. Era un hogar formado junto a su primera mujer, quien supo ser su manager y también la de Dylan al comienzo de su carrera. Su nombre es Terri Thal y, dicen, siempre fue una mujer inteligente y bella. Su inteligencia queda demostrada en un texto escrito para la revista Village Voice, con motivo del estreno de la película, en donde recuerda aquellos años. En esa nota, Terri hace un comentario sobre el film que, de pasada, define todo el cine de los Coen:

En la película nadie es agradable, todo el mundo es un poco tonto y algo malo.

Y agrega:

No hay siquiera una insinuación de que a estas personas les encantaba la música que interpretaban, ninguno toca música por diversión o participan de jam-sessions, no hay ni una pizca del compañerismo que marcó ese período. Los músicos se apoyaban mutuamente. Dave y yo teníamos hordas de gente en nuestro apartamento varias veces a la semana, muchas de ellos cantantes folk, muchos ni siquiera eran invitados y simplemente se caían por ahí y siempre eran bien recibidos. Yo cocinaba; hablábamos de política, los músicos tocaban. [] Nos divertimos. Nadie sospecharía eso viendo Inside Llewyn Davis.

terri vanronk

Más adelante en el texto, Terri Thal aclara que no es una obligación de la película dar cuenta de aquellos años, y que las similitudes con el personaje de la ficción y el verdadero DVR, no son muchas, pero que hay escenas, que sí se refieren directamente a la realidad. Basta ver la película y después leer los correspondientes pasajes en la biografía de DVR. En uno de ellos se cuenta un enfrentamiento entre DVR y el dueño de la compañía para la que grabó su primer disco, Mel, en la ficción, Moe Asch, en la realidad, el dueño de Folkways Records. DVR recuerda la anécdota de la siguiente manera:

Cuando realmente necesitaba algo de dinero, me iba hasta Folkways records, y le hacía una rutina a Moe. Yo tenía un traje especial que solía ponerme, al que había bautizado “mi traje Folkways”. Consistía en una chaqueta que usaba cuando salía de tripulante en un barco de transporte de químicos, era increíblemente sucia y olía a acetona, y unos viejos, jeans desgastados, sin agujeros, pero casi transparentes. Me aparecía en su oficina del West 40s y empezaba todo un discurso diciendo que estaba en la ruina y que necesitaba dinero, y blah, blah, blah, y él entonces me daba algo así como cincuenta dólares o tal vez incluso cien. Pero antes de hacerlo chequeaba siempre en uno de sus libros de contabilidad. Una vez, mientras hacía eso, lo llamaron y tuvo que salir por un rato de la oficina, me fije rápidamente en el libro y, no puedo asegurarlo, pero me pareció que no tenían nada que ver con la venta de mis discos. Esa era nuestra rutina. Hubo un momento, un día particularmente frío, en el que mejoré mi discurso y le dije: “Moe, no tengo ni para comer, ni siquiera tengo un abrigo para el  invierno”. Él salió de la habitación y volvió con un hermoso abrigo de piel de camello y me dijo: “Acá tenes, Dave”. Obviamente se había dado cuenta que me estaba burlando, y que yo nunca  usaría un abrigo como ese ni aunque estuviera muerto. Así que murmuré alguna excusa y me fui, solamente, con mis usuales 50 dólares.

En la película no se trata de un juego entre dos personas, sino en un momento de desesperación absoluto de Llewyn Davis, quien sí se está muriendo de frío y lo único que tiene para enfrentar el invierno neoyorquino, nieve incluida, es un viejo saco de corderoy que apenas le alcanza para soportar el clima.

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El frío y la falta de dinero lo llevan a LD a realizar un viaje para encontrarse con el manager y productor Bud Grossman. Aquí los Coen ni siquiera cambiaron el apellido del personaje real al que se remiten: Albert Grossman, mítico personaje de la historia de la música y manager de, entre otros, Peter, Paul and Mary (de quienes fue el creador), Janis Joplin y el mismo Dylan, quien lo describe de la siguiente manera:

Se asemejaba a Sidney Greenstreet en El halcón maltés, tenía una presencia dominante, vestía siempre con un traje convencional y corbata y se sentaba en una mesa en la esquina. Solía hablar en voz muy alta, como un redoble de tambores de guerra. Grossman era de Chicago, y aunque sus raíces no estaban en el mundo del espectáculo, no dejaba que eso interfiriera en su labor. No era el típico comerciante, había regenteado un club nocturno en chicago, la ciudad del viento, donde tenía que lidiar con jefes de distrito y con las ordenanzas por medio de todo tipo de artificios. Grossman no era un bruto.

El viaje que emprende LD en busca de Grossman, es el gran momento de la película y no solo por lo que se cuenta, sino también por la forma en la que los Coen narran esta pequeña odisea del cantautor.

Para esta esta extensa e importante secuencia, los hermanos toman las decisiones más originales y extrañas a la hora de mezclar la realidad con la ficción. Davis emprende el viaje acompañado por dos personajes. Uno de ellos, un beatnik de aspecto hosco que apenas habla y cuyo nombre es Johnny Five. Aquí los Coens (o el director de casting) hacen un pequeño chiste. El actor que interpreta al beatnik es Garrett Hedlund, quien también fue Dean Moriarty / Neal Cassady en la pésima adaptación que Walter Salles Jr. hiciera de la novela de Jack Kerouac, En el camino (On the road). Los Coen introducen un enfrentamiento histórico y lo hacen de una manera tan original, como graciosa. Dice DVR en su biografía:

Del otro lado estaban los beatniks que, más o menos, eran el tipo de personas que 20 años después se teñirían el pelo de verde y se atravesarían las mejillas con alfileres de gancho. Nosotros los despreciábamos, pero más despreciábamos a los turistas que venían al Village porque habían escuchado sobre ellos. Toda la escena beatnik se había transformado en un foco de interés para los medios. Había artículos como: “La revista Life va a una fiesta de la marihuana”. Inclusive existió un servicio llamado “alquile-un-beatnik”, cuyo anuncio estuvo durante años en la página de clasificados del Village Voice. Por un precio acordado, podías contratar a uno de estos ridículos vestidos como beatniks para que vaya a tu fiesta. El tipo se aparecía con la vestimenta completa: barba, boina y bongó (las tres b) y por algo así como 25 dólares la noche, se paseaba por tu fiesta diciendo “Wow” o cosas por el estilo. Y, ocasionalmente, se ponía a tocar el bongó. Para los turistas la música folk era simplemente parte de la escena beatnik. En verdad a los beatniks les gustaba el cool jazz, el bebop, las drogas duras y odiaban la música folk, que para ellos eran un puñado de mocosos que se sentaban en el piso y cantaban canciones sobre las masas oprimidas. Cuando, después de un poeta beatnik, un cantante folk se subía al escenario, los beatniks se ponían a hacer cualquier cosa, excepto escuchar. Y cuando volvía el poeta, los fan del folk hacían lo mismo. Pero para los ojos de los medios, éramos lo mismo.

beatnik

El otro personaje en el viaje, se llama Roland Turner y es una particular mezcla entre dos personas reales: Doc Pomus, su figura y sus dolencias físicas, y Dr. John, y sus (malos) hábitos con la droga y su relación con la santería (en un breve y divertido intercambio que mantiene con Davis). La historia entre Pomus y Dr. John se cuenta en el emotivo y didáctico documental AKA Doc Pomus, dirigido por William Hechter, Peter Miller. Doc Pomus comenzó su carrera como cantante de blues, para luego, en parte debido a una enfermedad que lo obligaba a desplazarse en muletas primero, y más tarde en silla de ruedas, dedicarse a la composición de canciones que lo terminarían transformando en una figura mítica. Basta ver cuales son esas canciones para darse cuenta del porque: Save The Last Dance For Me, (Marie’s the Name) His Latest Flame,  Viva Las Vegas, Suspicion, Teenager in love,  solo por nombrar algunas, entre cientos de canciones. Para conocer, o iniciarse, en el arte de Pomus, lo más práctico es hacerlo es con el disco Til the Night Is Gone: A Tribute to Doc Pomus, en donde artistas como Solomon Burke, Brian Wilson y Dylan interpretan algunos de sus más conocidos temas o dirigirse a la pagina: http://www.pomuscatalog.com en donde se puede encontrar y escuchar una gran cantidad de sus composiciones. La relación de Pomus con Dr. John ocurrió durante los años 70, momento en el que la adicción a las drogas de Dr. John amenazaba con poner fin a su carrera. La colaboración entre ellos significó un renacimiento para ambos artistas. En el año 1991 a los 65 años, Pomus muere victima de un cáncer de pulmón. Un año después, Lou Reed inspirará su disco Magic and loss en la muerte de Pomus y Rotten Rita (personaje de la factoría de Andy Warhol), una serie de canciones que relatan, con tanta tristeza como detalle, las consecuencias que sufren las victimas de cáncer y la angustia de los seres queridos que los sobreviven.

doc_pomus

En cuanto a Dr. John, sigue activo. En el 2012 editó su -por ahora- último disco, con la producción de Dan Auerbach, mitad de la banda de neo rockeros The Black Keys, a quienes tranquilamente podríamos definir como los hermanos  Coen de la música actual.

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El Pomus / Dr. John de la ficción de los Coen es músico de jazz, desagradable, hiriente, gracioso y patético. En los pocos minutos en los que aparece en la película, establece un duelo con Llewyn Davis que, al fin de cuentas, pone en cuestión otro enfrentamiento, el que tenían los músicos de jazz con los cantantes folks. “En el jazz tocamos todas las notas, no solo tres acordes en un ukelele”, dice Roland Turner. En los comienzos de su carrera, Dave Van Ronk se dedicó al jazz y él mismo, en persona, supo sufrir esa dicotomía entre la sofisticación del jazz y la supuesta simpleza de las canciones folk.

marquesina1Es desde lo visual en donde los Coen, junto con el director de fotografía Bruno Delbonnel, logran este gran momento de la película. Durante el viaje, Davis va de New York a Chicago atravesando rutas invadidas por la niebla y paisajes desérticos. Pero no son los paisajes lo que importa, sino el frío y la soledad en la que se encuentran los personajes. Los Coen demuestran saber filmar el frío como pocos directores. El mundo se transforma en un lugar fantasmagórico e inhóspito, como el camino que emprende Davis para llegar a su última esperanza, lograr que Bud Grossman lo escuche y así poder formar parte de los músicos habituales del Gate of Horn.

Sorprendentemente, en su biografía, Dave Van Ronk describe esos viajes a través de esos paisajes, que más tarde los Coen filmarían:

Conducir de noche por esa parte del mundo era algo completamente diferente a lo que estábamos acostumbrados en el Este, en donde siempre hay algún foco de luz creada por el hombre: una casa, un cartel publicitario de neón, o el reflejo en el horizonte de un pueblo lejano, algo. Pero acá, más allá de los tendidos de los cables eléctricos, especialmente cuando el cielo está totalmente cubierto de nubes, hay una atmósfera surrealista, una soledad que te anula la mente y a la vez te llena de ansiedad.

llewyn grossman

El encuentro de Davis con Bud (Albert) Grossman, más allá de ciertos detalles, también ocurrió en la vida real. DVR, luego de un malentendido que lo lleva a creer que el productor había escuchado sus grabaciones, llega a la oficina de Grossman y este, una vez aclarada la situación, le pide que le cante alguna de sus canciones. DVR le canta varias canciones, entre ellas Tell old Billy, Willie, the beeper y Dink’s song. En la película, Davis elige cantar la tristísima, ya desde el título, The Death of Queen Jane, cuya letra habla de la reina del título y su posterior muerte, días después de dar luz a su hijo. (Lamentablemente, la versión de esta canción, con un final a capella, no está en el disco con las otras canciones de la película). La obvia respuesta del Grossman de ficción, sin alterar en ningún momento su impávido rostro, es decirle que no ve dinero en lo que Davis hace. En la realidad, Grossman también escuchó a DVR sin que se le mueva una pestaña, para una vez finalizado el mini recital, preguntarle de manera retórica:

– ¿Sabes quienes tocaron acá? Big Bill Broonzy tocó acá, Josh White tocó acá. Brownie McGhee y Sonny Terry tocan acá seguido. Ahora decime, ¿por qué debería contratarte a vos?

La carrera de DVR recién comenzaba y el destrato de Albert Grossman no lo afectó demasiado, incluso llegarían trabajar juntos. En la ficción, es uno de los momentos en los que Davis piensa en abandonar todo. Tanto en la ficción, como en la realidad, Grossman le ofrece ser parte de un trío de músicos, que una vez formados no serían otros que los insulsos y exitosos (en su época) Peter, Paul & Mary. Albert Grossman también le hizo el ofrecimiento de ser parte de dicho trío a Bob Dylan, quien de haber aceptado, habría cambiado la historia de la música de una manera muy extraña. Ambos, más tarde, se lamentaran de no haber aceptado, pero solo por motivos económicos.

A su vuelta a New York (en un viaje tan extraño como el de la ida) Davis decide volver a su vida de marinero. Y aquí también la realidad y la ficción se cruzan, la pérdida del carné de marinero evitó que Dave Van Ronk (y Davis), se dedique a la vida en el mar.

De no haber abandonado la maldita marina mercante, a esta altura sería Primer Maestre.

DVR pertenece al grupo de artistas trabajadores, esos que durante gran parte de su vida se la dedicaron a otro oficio o profesión y no a su talento artístico, situación que a veces lo puso en duda sobre el camino a elegir. En este caso fue la marina mercante, una tradición, la de artistas marineros, que incluye desde Herman Melville hasta el cineasta Xurxo Chirro. Después de tantas vueltas en su vida, afirmaría refiriéndose a la música, no sin cierta satisfacción, lo siguiente:

Hubo muchas oportunidades en las que, de haber tenido otras alternativas, habría abandonado este tonto negocio. Pero no las tuve y al final me alegro de que las cosas hayan salido de esta forma.

oscar isaac

Como vimos hasta acá, Dave Van Ronk y Llewyn Davis son muy diferentes. La vida de DVR fue la de un músico consciente de su arte y de sus propias limitaciones. Un trabajador cuyo oficio fue la música y que vivió una vida feliz, sin mayores sobresaltos, en un época particular (y muy especial) de la historia norteamericana. Al cine no le sientan bien este tipo de vidas. El cine suele preocuparse más por los eventos desgraciados y los perdedores. Parafraseando a Don Delillo, nada más atrayente para el cine que el talento desperdiciado. Y sobre esto también está construido el cine de los Coen, sobre una épica de los perdedores y los tontos. Un lugar en el que no hay lugar para la vida normal. Lo que sea que esto signifique. Y mucho menos para la vida bohemia y amable de Van Ronk y sus amigos.

Volviendo al final de la película, Llewyn terminará solo en un oscuro callejón, recibiendo una golpiza de parte de un personaje al cual ni siquiera le veremos el rostro (un verdadero Mr. Jones), mientras adentro, Bob Dylan lo despide simbólicamente cantando, justamente  Farewell. Así termina Llewyn Davis: sólo, golpeado y en la oscuridad. Sobre los créditos, recién ahí, vamos a escuchar la áspera voz del verdadero Dave Van Ronk, cantando Green green rocky road.

El gran logro de la película (y que la emparenta de alguna manera con The big Lebowski), es el de haber creado un gran personaje, y parte del mérito de esto, hay que reconocerlo, le corresponde al actor Oscar Isaac. Una vez pasado el tiempo nos olvidaremos de las idas y venidas de ese gato, tan caprichoso como los mismos hermanos Coen, pero todavía seguiremos sintiendo el frío y el cansancio que le atraviesan el alma al bueno,  insoportable y arrogante de Llewyn Davis, un personaje que, sin duda alguna, le pertenece al cine.

Dave Van Ronk

En cuanto al verdadero Dave Van Ronk, nos despedimos de él con las palabras de Greil Marcus quién (en esos escasos y extraños momentos en los que –exagero- no está hablando sobre Bob Dylan) escribió lo siguiente:

Van Ronk fue diferente porque era lo que mucha gente piensa que quisiera ser, si pudieran encontrar el tiempo: un hombre cuya vida fue un gesto de bienvenida, un narrador cuyas historias permitían a los que las escuchaban, imaginarse que ellos mismos estaban en la historia y, al mismo tiempo, sentados al lado de Van Ronk, escuchando sus propias aventuras.

Y hasta aquí llegamos: Fare thee weel o Farewell, mis amigos. O como dice Llewyn Davis en sus últimas palabras, al final de la película y su agotadora y triste travesía:

Au revoir.

Marcelo Alderete

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PD:

Los libros saqueados fueron los siguientes:

The Mayor of MacDougal Street: A Memoir, de Dave Van Ronk y Elijah Wald
Crónicas – Volumen 1, de Bob Dylan
A Freewheelin’ Time: A Memoir of Greenwich Village in the Sixties, de Suze Rotolo
Bob Dylan by Greil Marcus: Writings 1968-2010, de Greil Marcus
The Village: 400 Years of Beats and Bohemians, Radicals and Rogues, a History of Greenwich Village, de John Strausbaugh

Las traducciones, en los casos de los libros no editados en Argentina, son mías. Bienvenido quien las quiera mejorar.

Todos los músicos de ficción que aparecen en la película tienen su correlato con la realidad. Hay muchas notas sobre esto por toda la web, pero lo más interesante al respecto son dos textos que aparecen en la página oficial de la película, uno de ellos escrito por Elijah Wald, llamado Before the flood: Llewys Davis, Dave Van Ronk, and the Village folk scene of 1961 y el otro, una conversación con T Bone Burnet.

Definir a The Black Keys como los hermanos Coen de la música, es una acusación que pertenece al amigo @AiresyBenson.

Las correcciones y edición final pertenecen a @Cecilbdemente.

 

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